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miércoles, 29 de marzo de 2017

Resonancia

Despertamos alrededor de las 9 de la mañana. Era la hora a la que generalmente abríamos lo ojos para ponernos en acción. Esa había sido nuestra última noche en la que dormimos en la van así que tenía su toque especial entre el cansancio y la nostalgia de saber que nuestro viaje se acercaba a su fin. Nos dimos los buenos días y nos desperezamos un poco.

Al cabo de un rato nos pusimos a acomodar el equipaje para que la entrega de la van fuera mas ágil a nuestra llegada. Mi mochila llevaba guardada en el mismo sito prácticamente desde que iniciamos el viaje así que al abrirla nuevamente me encontré con un libro. La verdad es que como me entretuve con otras lecturas durante el viaje prácticamente olvidé que había estado ahí esperándome.  

Lo saque de la mochila y pensé: este es un libro de esos que no deben llevar separador y deben estar a la mano ya que no importa la secuencia de la lectura sino que cada capítulo contiene mensajes que invitan a reflexionar. Puedo decir que es uno de esos libros para abrir y leer lo que en ese momento el te quiere decir.

Lo abrí y leí el título y me gritó: LÉEME. Lo dejé abierto boca a bajo sobre mis cosas y seguí empacando.

Me adelanté a ducharme así que estuve listo primero. Preparé café y puse a tostar el pan en lo que Aris terminaba de alistarse para desayunar juntos.

Tome el primer trago del delicioso café matutino y me senté a leer.

Aún siendo solo son unas cuantas páginas, el mensaje de la lectura inmediatamente me envolvió siendo la mitad del último párrafo la que me retumbó en la cabeza.

Me pareció genial compartir ese pedacito con Laura, quien estaba sentada a mi lado, ni siquiera la lectura completa tenía tanto mensaje como esas seis líneas. Le pregunté si podía leerle algo, asintió y comencé a leer en voz alta. Ambos soltamos un buen suspiro, nos miramos y afinamos el mensaje que cada quien había recibido para poder comentarlo.

Justo cuando empezamos a conversar el chavo que estaba sentado al otro lado de la mesa desayunando me interrumpió hablándome en inglés, se disculpó por haberlo hecho y agregó que como hablaba un poco de español no había podido evitar escuchar lo que recién yo había leído y quería corroborar si había comprendido.

Le expliqué con mis palabras ese medio párrafo, me hizo un par de preguntas entre inglés y español y le pasé el libro abierto en el inicio del capítulo. La verdad es que el tipo hablaba un español casi perfecto.

Mientras tanto con Laura conversamos e intercambiamos ideas ya que era un tema que días atrás en alguna de las charlas de la ruta habíamos conversado los tres.

Al cabo de unos minutos el chavo levantó la mirada y al igual que nosotros soltó un profundo suspiro. Me devolvió el libro diciendo:  justo ayer tuve una gran frustración y decepción por querer hacer eso que dice esta lectura y hoy me levanto y me encuentro con ustedes. Lo notaba reflexivo y emocionado.

Me preguntó quién era el autor y si sabía si podía obtenerlo en alguna librería en Islandia o en Europa ya que realmente le había gustado y quería tenerlo.

Le respondí que era un libro escrito por un amigo y ex alumno de mi época de profesor y que en este momento solo lo vendían en México. Estuve muy tentado a regalárselo ya que yo podría conseguirlo nuevamente a mi regreso a Morelia sin embargo le tengo mucho cariño ya que fue uno de los principales motivos para reencontrarme con mi amigo después de seis años, además que tiene una hermosa dedicatoria personal.

A cambio le ofrecí que iba a contactar a mi amigo y le preguntaría si lo tenía en algún formato digital para poder enviárselo. Sacó su teléfono y le anoté mi correo.

Llegó Aris a la mesa y nos dispusimos a desayunar, fue ahí cuando nos presentamos, él se llama Eran. La charla fue cambiando de tema para pasar a las preguntas típicas de un encuentro de viajeros: de dónde eres, cuánto tiempo llevas aquí, a que te dedicas en tu país, etc.

Conversamos un rato más mientras desayunábamos hasta que finalmente llegó el momento de nosotros retomar nuestra ruta y Eran prepararse para visitar el glaciar Snaefellsjökull.  Nos despedimos llevándome el compromiso de darle respuesta del libro.

Tomamos nuestra ruta y en el camino iba emocionado pensando, esta historia se la tengo que contar a mi amigo y estoy seguro que le dará mucho gusto.

Llegamos a Reikiavik varias horas después no sin habernos detenido en más lugares hermosos y haber hecho una pequeña caminata por unos acantilados con unas vistas increíbles. Nuestra última ruta fue tranquila y llegamos a nuestro destino.

Al día siguiente me llevé una grata sorpresa, durante la noche mi amigo publicó en su muro de Facebook la noticia en la que con mucha alegría comunicaba que su libro recién había sido publicado en Amazon en versión para Kindle lo que significaba que ahora estaría disponible en todo el mundo.

Además del gusto que me dio leer esa noticia tenía ya el elemento que faltaba para cumplir con el compromiso hecho el día anterior con Eran.

Escribo esto mientras volamos sobre el Atlántico de vuelta a casa y la reflexión que tengo en mente y te comparto es: “nunca sabemos a quién de los que están a nuestro alrededor les resuena una frase, una acción o una expresión nuestra, sin embargo de hacerlo es muy probable que por más pequeña que sea esa resonancia cambie el rumbo de sus siguientes pasos y por ende cambien los pasos que yo estoy por dar.

El medio párrafo dice:

“…al ego le gusta identificarse también con buenas intenciones que lo hagan parecer más y más bueno que los demás, por ende, en lugar de empezar buscando soluciones para los demás, ten la humildad de observarte primero, lo segundo va a ir tomando fuerza sin que te des cuenta como una bola de nieve que se agranda con tu potencial.”


Del libro de mi amigo y hermano de ruta Fredo Velázquez, PALABRAS VIVAS PARA UN yo MÁS HUMANO. Pag. 48. Editorial Silla Vacía.

sábado, 4 de marzo de 2017

Abriendo caminos en: ISLANDIA



Con este poderoso proverbio vikingo y a 1ºC de temperatura nos recibe #Islandia


Después de un largo y placentero viaje de poco menos de 9 horas, aterrizamos pasadas las 4 de la mañana en el aeropuerto de Keflavik. 

El frío se colaba por las rendijas del túnel de acceso a la terminal que se mezclaba con un delicioso olor a pan recién hecho. 

El primer shock: los letreros con palabras que jamás habíamos visto y si bien todo también está en inglés no nos dejaron de sorprender las palabras raras como "snyrtingar = baño".  

Nos pareció sumamente extraño ver que la salida y entrada de vuelos estaban prácticamente mezclados, es prácticamente imposible saber quien va y quien viene entre la mezcla cultural que se mueve aquí. Pensaríamos que todos sería rubios y altos pero no, se escucha una mezcla de todos los idiomas, colores, tamaños y rasgos. Algo simplemente maravilloso.  

Migración fue en toda la amplitud de la palabra INCREIBLE ya que no fue mas que una fila en donde te sellan el pasaporte, nos recibieron de uno en uno con una sonrisa sencilla, no hubo preguntas de: what's the purpose of your visit? o how long and where are you staying? bla bla bla...NADA. 

Y que decir del control de aduana, dos simples pasillos, a la derecha uno rojo (algo declarar) y a la izquierda uno verde (nada que declarar). Caminamos por el camino verde y pensamos que al abrirse la puerta estarían los oficiales de aduanas y...NADA, ni una sola persona revisando y mucho menos una inspección de equipaje, simplemente era la salida. 

Entre el cansancio y el shock parecíamos como espantados y medio perdidos. De cualquier manera sabíamos que la espera iba a ser larga pues nuestra amiga Alma Bsm (a quien pronto conoceremos en persona) ya nos había alertado que en la ciudad no abre nada en domingo hasta después de las 12:00 así que aquí estamos en espera de empezar a descubrir.

Dos anécdotas de nuestra llegada: 

La primera fue nuestro primer enfrentamiento con el temido cajero automático mejor conocido como: hradbanki o algo así porque la d esta como chuequita y se mezcló con una t. 

Ahí nos tienen metiendo la tarjeta a la mentada maquinita y por "costumbre" picar el monto mas alto que es de 150,000 coronas islandesas, claro esto lo hicimos por aquello del cobro de la comisión por retiro (no vaiga a ser y hay que optimizar), el resultado: transacción denegada. Probemos con otra tarjeta: transacción denegada.

¿Será que no funcionan las tarjetas? ¿Será que no son de RED?

Después de un par de intentos mas, nos iluminamos y sacamos nuestro flamante convertidor de divisas. Efectivamente jamás iba a ser posible sacar lo máximo que un cajero te puede dar aquí lo cual asciende a la cantidad de: $27,466.97 pesos a tipo de cambio de hoy...sin duda un monto casi cercando a los $5,000 pesitos autorizados por nuestros flamantes bancos. 

La segunda anécdota es esta hermosa frase de la foto que les compartirmos. Investigando un poco la frase completa dice así: 

Better weight
than wisdom
a traveller cannot carry.
The poor man’s strength
in a strange place,
worth more than wealth.

El significado es sensacional y nos hizo click al instante: 

"La sabiduría viene de la experiencia, no de la lectura"

Cuando has hecho algo una vez, dos o quizás decenas de veces, hacerlo bien se hace más fácil. El placer de hacerlo bien debe estar en mejorar, no en el descubrir cómo se hacen las cosas. Las lecciones del hacer vencen al aprendizaje del leer.


Con mucho cariño les agradecemos a todos por acompañarnos en esta aventura del #aquiyahora

viernes, 17 de junio de 2016

Viajar es increíble en el aquí&ahora

La vida está en esos momentos
que eres tan pequeño y grande a la vez.


Después de tres meses de estar de vuelta en casa en los que han pasado infinidad de cosas complejas en nuestro "proceso de readaptación", finalmente llegó la Kotowa a Houston.

¿Por qué a Houston?

Nuestra flamante aduana mexicana que si bien ha evolucionado de forma "positiva" en los últimos años aún tiene algunos procesos un poco absurdos y había que pagar de nuevo impuestos, IVA y gastos de importación. Así que lo mas fácil fue enviarla al vecino del norte e ir por ella. Además de que conseguimos un contenedor junto con otras motos gringas y una camioneta canadiense.

Después de una ardua semana de trabajo y capacitación en el Distrito Federal, en donde tuve la oportunidad de reunirme y hospedarme con Isabel a quien no veía desde que estuvimos en Mendoza y con Regio y Pau quienes también fueron excelentes anfitriones.

Salí a las 4:30 al aeropuerto a bordo de un Uber que compartí con Flora, una amiga guatemalteca que conocí en la capacitación del fin de semana. Medio atarantado nuestro conductor tuve que guiarlo para que pudiera dar con los accesos al aeropuerto. Finalmente ambos llegamos bien y a tiempo.

En la revisión del equipaje de mano me quitaron mi loción ya que no me percaté que era de 125 ml y solo se permiten 100 ml. Aún no entiendo como es que alguien llegó a la brillante conclusión de que 25 ml hacen toda la diferencia en los esquemas de seguridad aérea internacional. En fin, la di por perdida y al poco tiempo abordé el avión.

Houston me recibió con un calor abrasivo y húmedo. Bajé del taxi que me llevó al almacén donde recogería a Kotowa y no habían pasado ni 30 segundos y ya estaba completamente empapado en sudor. En proporción es mas económico viajar de DF a Houston que viajar unos cuantos kilómetros en taxi dentro de la ciudad de Houston, casi 80 USD que además te obligan a dar una propina absurda.

Llegué por Kotowa y ahh que alegría verla ahí esperándome en el almacén, un poquito empolvada y sucia pero completa y bien. Lo mejor, que prendió a la primera y el motor se escuchaba al 100.

Empecé a alistar el equipaje y vaya que había perdido práctica pues me tardé un buen rato además de que en el ínter estuve conversando con Nico Larrea, un peruano que tiene mas de 30 años viviendo en EUA y quien es dueño del almacén donde fue recibida nuestra moto. Después de algunas anécdotas de viaje e historias del Perú. Emprendí la salida y en la esquina me di cuenta que las llantas estaban bajas de presión. De cualquier forma había que ir por gasolina pues no llegaría muy lejos con lo que tenía.

Llené el tanque y me acerqué a la máquina de aire. Como costaba y no traía cambio saqué el compresor que llevamos e inflé la delantera pero se apagó y no volvió a prender. Así que tuve que recurrir a conseguir cambio.

En ese instante se acercó un chavo que venía en una de esas camionetas gigantes que para subir se necesita casi una escalera (no pude tomarle foto). Me preguntó un poco sobre el viaje y conversamos un rato. Le pedí cambio y me dijo que no tenía pero me preguntó si traía dinero y le respondí que si, nos despedimos y el se alejó a su gigante camioneta.

Al poco rato ya estaba en la camioneta parado detrás de la moto para salir de la estación. Me grita y me pide que me acerque a la ventanilla, tuve que dar la vuelta hacia el lado del conductor pues del otro lado se asomaba un perro. Me acerqué y sacó la mano por la ventanilla diciendo: quiero ayudarte. Me quedé mudo cuando me acercó un billete de 20 dólares y me dice, es para la gasolina de regreso a casa. No tuve ni tiempo de reaccionar y me quedé atónito ante esa situación.

Le agradecí y acepté el billete. Se fue despidiendo con su mano por la ventana y creo que fueron alguno segundos en que yo me quedé parado ahí en la plancha de concreto asimilando lo que había sucedido.

¿Hay gente buena en el mundo? Si, sin duda estos pequeños y sorprendentes momentos son lo que hacen que viajar sea realmente INCREÍBLE...#aquiyahora

jueves, 5 de mayo de 2016

A esta hora estábamos llegando a Guadalajara

"¡Es que va a ser difícil 
que volvamos hacer como antes del viaje, 
esto es un viaje de ida y
aunque no nos movamos 
nuestra cabeza trabaja distinto!"
Hernán Denk

A esta hora estábamos llegando a Guadalajara, muy acalorados después de las 3 horas de viaje en carretera y un poco de tráfico ciudad, paramos a comprar nuestro nuestros intercomunicadores que unos meses después quedarían arruinados en una tormenta en Nuevo México. 
Así fue el comienzo, todos los nervios, las despedidas, la incertidumbre, la emoción. Sabíamos que queríamos llegar lejos pero no sabíamos todo lo que el camino nos tenía preparado. 
Bautizamos la aventura como Aqui&Ahora: Abriendo Caminos pero no sabíamos que sería el mas grande reto aprender a vivir de esa manera. 
Salimos acelerados, como si la meta fuera llegar y no disfrutar el camino. Pero el camino y la ruta son sabios y nos lo mostraron conforme fuimos recorriendo los kilómetros. 
Gastábamos mucho al principio y tuvimos que aprender a usar nuestros recursos de forma inteligente para que nos alcanzara para todo el año. No sabíamos realmente lo que implicaba tener una cuenta con dinero pero proyectar los gastos a muchos meses hacia adelante y mas sin saber a ciencia cierta lo que costaba la gasolina, hospedaje, alimentos, visitas, etc. 
Aprendimos a pedir ayuda; a pedir hospedaje, a dormir en el campo, en el suelo, bajo una mesa de billar, en un mini sillón los dos; a cocinar en una hornilla de gas y comprar en los mercados y supermercados por raciones pequeñas; a pasar frío y sudar como nunca, a manejar mojados, secos, helados, acalorados, cansados; a no bañarnos o a darnos baños de avioncito; a hacer amigos en el camino y que hoy son los mejores; a tomar decisiones para seguir pero también aceptar que a veces el camino no deja seguir y está bien. 
Muchos nos han preguntado ¿cómo les fue? y respondemos ¿cómo te fue a ti el último año? Haciendo un recuento del viaje nos fue realmente bien, tuvimos un accidente que nos mostró que el camino lleva su ritmo y las caídas son parte de la vida para poder levantarse y seguir. Pero estamos vivos y eso es una bendición pues muchos hermanos moteros se nos adelantaron en el camino viviendo su propia aventura. 
No tuvimos ningún problema con aduanas o autoridades, mas allá de los trámites normales de entrar a un país. No dimos ninguna mordida y solo nos pidieron una que al final pudimos resolver sin caer en esa práctica. No nos robaron nada aunque si perdimos varias cosas. 
Dejamos muchas cosas del equipaje y nos hicimos de otras aprendiendo a viajar ligeros y con lo estrictamente necesario. 
Vimos lugares mágicos, dormimos en sitios extraños, comimos lo que jamás habíamos probado, bebimos mucha cerveza y vino, hablamos, lloramos, nos reímos, danzamos, filosofamos, dijimos estupideces, nos peleamos, nos reconciliamos y nos amamos en cada sin irnos a dormir si había algo pendiente. 
Aprendimos a extrañar, no solo a la familia y amigos, sino a cada persona que nos cruzamos en el camino y con quien compartimos. 
Aprendimos el valor que tiene una calca o un parche en la chamarra, una bandera. El valor tan trascendente que tiene el saludo motero. La honorabilidad de los motoclubes, las redes de apoyo en especial Riders Internacional que hoy es un sueño en México pero sobre todo la hermandad que existe como soporte entre aquellos que montamos en dos ruedas. 
Aprendimos a manejar en pareja y en equipo para tener mayor estabilidad de la moto, a rezar en silencio para cruzar los vientos y los ripios interminables, a confiar en nuestra intuición y a darnos ánimos cuando ya las pilas estaban dando las últimas y a cantar a todo pulmón cada quien por su lado
Descubrimos que vale la pena viajar. Antes de salir nuestro amigo Rodrigo de Plan Pingüino nos dijo: "se van a sorprender de la cantidad de gente buena que hay en el mundo". Esa frase dice y significa más que cualquiera que hayamos escuchado alguna vez. 
Sin querer inspiramos a muchos que nos siguieron, pero también fuimos inspirados por cada uno de ustedes. Con muchos nos conocemos, con muchos no pero estamos unidos. 
Hoy tenemos la consigna de regresar al mundo todo lo que nos dio en estos meses, de compartir las aventuras pero mas allá de sembrar esas ganas de seguir adelante cuando tienes un sueño. Fácil no fue y no nos referimos al camino o a estar montados horas en la Kotowa. Sí, fue un reto físico pero fue mas mental y espiritual, muchas veces estuvimos a punto de autosabotearnos, de pegar la vuelta, de parar. Pero también nos dimos todo el ánimo y nos acompañamos en el camino, seguimos hasta donde para nosotros era necesario y llegó nuestro momento de volver. 
¿Lo volveremos a hacer? 
Ningún viaje será igual. Si nos aventuraremos de nuevo pero el camino será distinto, la gente será otra, la experiencia será nueva y la ruta tendrá nuevos retos para nosotros. 
¿Vale la pena? Sí, sin duda aprender a vivir en el ‪#‎aquiyahora‬ fue el mayor reto de todos y seguimos aprendiendo. 
Hoy estamos de vuelta en el hogar, pero nunca nos fuimos si al final el hogar siempre estuvo con nosotros y el calor se lo dieron todos aquellos con quienes compartimos. 
Fue un viaje inolvidable pero no será el único, no puede ser el único. Esta vida es un viaje y vale la pena disfrutar cada momento del camino. Al final de cuentas si de algo podemos estar seguros es que si tiene final pero jamás sabremos cuando...
"¡Es que va a ser difícil que volvamos hacer como antes del viaje, esto es un viaje de ida y aunque no nos movamos nuestra cabeza trabaja distinto!"  Nos lo dijo nuestro hermano Hernán Denk

Nuestra primera foto del viaje...antes de partir.



Nota al pie: ya viene la Kotowa, pronto iremos por ella y será una pequeña aventura más para traerla a casa.

viernes, 22 de abril de 2016

Crónica de un regreso a casa.

Me gusta más llegar que irme
pero más me gusta volver


Quitando la emoción de la llegada y estar ya en casa, hoy nos atrevemos a develar la tétrica historia de nuestro regreso. No todo fue tan sencillo como queríamos que fuera.

La última parte de nuestro viaje fue agotadora. Gracias a que pasamos 5 días maravillosos con nuestros amigos Alejandro y Eliana en Puerto Montt pudimos descansar y olvidarnos un poco de las carreteras y de nuestra querida Kotowa. Eso sí, le dimos su consentida pues finalmente después de miles de kilómetros pudimos comprarle su parabrisas alto y cambiarle la guarda de la cadena que habíamos dañado tiempo atrás. 

Saliendo de Puerto Montt decidimos irnos de corrido hasta Santiago precisamente para ya estando allá poder resolver lo del envío de Kotowa y ver como volveríamos. Lo hicimos en dos días. el primero de unos 600 kilómetros y el segundo de poco mas de 400 así que nuevamente agotados llegamos a casa de nuestra amiga Arianna quien nos recibió super cariñosa. 

El panorama de enviar la moto no era alentador, en el camino se nos cayeron unas 8 alternativas que teníamos ya que la mayoría de las navieras no operan carga personal así que llegando a Santiago teníamos la esperanza de poder hacer algo. 

Llegamos un jueves a medio día así que estuvimos descansando y mandando correos durante toda la tarde. Esa noche fue muy extraña. Sentados los dos en la sala del departamento empezamos a conversar sobre el regreso. Fue linda la charla pero complicada pues hablar de lo que realmente queríamos y poder compaginar en una sola decisión fue un reto. Regresar ok, pero cómo. Mandar la moto a Panamá, a Guatemala o a EUA, pues nuestra flamante aduana funciona de una manera un tanto absurda y llevarla a México implicaría una cantidad de gastos que no estábamos dispuestos a cubrir, dejar la moto y luego volver por ella, seguir por tierra hasta México con el tema de cruzar de Colombia a Panamá en donde igual requeriríamos de algún transporte para la Kotowa y nosotros volar o en velero. 

Nos quedamos hasta las 3 de la mañana sin llegar a algo específico y nos fuimos a dormir. En la mañana todo fue un poco diferente. Después de la llamada con nuestro amigo Luck para darle la noticia que no llegaríamos a su boda, como que algo se detonó. Claro la tristeza de no poder estar en un evento de los amigos y con la familia en tiempos difíciles complica todas las decisiones, ligado a las ganas de seguir viajando y llenándonos de experiencias.

Fuimos a visitar personalmente una naviera y la respuesta fue, si los apoyamos pero la próxima semana les damos las alternativas...Así que ahí estábamos, pensativos y dudosos y volvimos a casa de Arianna. No recuerdo bien en que estuvo eso probablemente se debe al impulso que tiene Aris de hacer las cosas lo que de repente movió todo y cambió los planes: vámonos, si VÁMONOS HOY!!

Viernes, una de la tarde hora de Chile y nosotros con ganas de estar en México al día siguiente. Llegó Arianna le comentamos la idea y nos dijo: VAYANSE tienen que llegar a esa boda!!! podíamos dejar la moto y dejar las cosas y decidir después que hacer. 

Así que ahi nos tienen a los dos buscando vuelos y vimos la luz, un vuelo salía de Santiago a la 1:50 am del sábado llegando a Panamá a las 6:00 am y conectaba a las 9:15 a México para llegar a las 12:40 pm a México y hasta teníamos la suerte que había un vuelo de la Ciudad de México a Morelia como a las 2:00 pm y llegar mas rápido a casa. Las cosas no podían estar saliendo mejor. 

El sitio de Copa no estaba funcionando bien así que hicimos la compra por teléfono, nos confirmaron el vuelo y nos dijeron que estaba todo OK. Así que felices nos pusimos a hacer el equipaje, dejamos todo acomodado en la Kotowa y esperamos a que diera la hora. 

Eso sí, jamás llegó el correo de confirmación pero como por teléfono nos dijeron que todo estaba OK, pues confiamos en que todo estaba OK. 

Nos despedimos de Arianna con quien no pudimos compartir mucho así que tendremos que volver a Chile pronto y nos fuimos al aeropuerto. Muy puntuales hicimos fila, ni equipaje traíamos así que no teníamos que hacer nada mas que registrarnos. Felices y emocionados por volver llegamos al mostrador y oooh sorpresa: 

Chica del mostrador: No están en el vuelo.
Nosotros: como, si tenemos el numero de reserva.
Chica del mostrador: ok, denme oportunidad y esperen por allá y revisamos. 
Nosotros: Uff que susto, OK

Pasaban y pasaban pasajeros, se iban las demás personas que atendían en los mostradores y nosotros ahi parados esperando que nos dieran respuesta, incluso ofrecimos ir a hablar a la oficina de Copa pero nos dijo la chica que no, que ahora lo revisábamos. 

Nos dio la 1 de la mañana y seguimos parados "por allá", nos llamó la chica y para no hacer el cuento largo, nos dijo que no podíamos volar porque no estábamos registrados en el vuelo, que nuestra reserva había sido bloqueada por una de esas áreas de las aerolíneas que existen para arruinar todo. 

Así que bueno, con la mano en la cintura y su sonrisa escueta nos dijo que no podíamos viajar y que además ya habían cerrado el vuelo. Ah bueno listo, ¿qué, nos vamos y ya? Se nos cayó el mundo... y parecía que la chica no tenía mayores ganas de ayudarnos. Nos decía que llamáramos a atención a cliente...si claro, a la 1 am y si nos despegábamos de ahí ella se iba. Así que no. Veamos opciones pues tenemos un problema (dicen que diciendo esto la otra persona reacciona, pero no, no fue le caso). Opciones: 

- Si está bloqueada la reserva, desbloquea: No puedo
- Véndanos otro boleto: Ok...mmm ahh no puedo porque no hay lugar en el vuelo de conexión Panamá-México.
- Les puedo dar primera clase (sabiendo que eso nos iba a costar joyas...¿bueno a ver cuanto cuesta?): mmm...si si hay lugar...ahh pero si es primera clase tiene que ser tooodo el vuelo en primera clase es decir desde Santiago a México y en el vuelo de Santiago a Panamá ya no hay. 
- Deme un boleto de Santiago a Panamá y ya allá yo veo que consigo para volar a México: No no puedo porque las regulaciones de Panamá dicen que si usted va al país, tiene que tener prueba de que va a salir, así que no puedo venderle solo ese. 

A todo esto agregarle las ganas de mentarle la madre a la chica que no hacía ni el mayor esfuerzo por apoyarnos y sabiendo que si lo hacíamos perdíamos toda posibilidad de resolver algo. Y sabiendo que si no llegábamos el sábado como lo teníamos planeado perdíamos el vuelo (ya pagado) de Ciudad de México a Morelia. 

- Véndame un vuelo para salir ahora y el de Panamá a México démelo para el domingo. 

Aris me volteo a ver con cara de eso no nos sirve...pero ya la chica estaba haciendo las reservas y bueno. La idea era estar en Panamá y ya allá ver que hacíamos pero corriendo el riesgo de quedarnos una noche allá. 

Nos subimos al avión con la moral por los suelos. Pusimos la película de "Los 33" y al poco rato ya estábamos los dos hechos un mar de lágrimas, no sabemos si por la película o por la tensión que estábamos viviendo con nuestro travesía. 

Maldormimos algunas horas y aterrizamos en Panamá a tiempo. Bajamos casi corriendo del avión y la ventaja de no llevar equipaje documentado ayudó a que a 15 minutos después estuviéramos en la fila de Copa para revisar opciones. 

Nos atendió una chica super amable, desafortunadamente nos dijo que por la hora no podía apoyarnos y teníamos que esperar una hora. Así que bueno, nos sentamos a esperar...de nuevo. 

Pasó la hora y nada, otra media y nada. La hora de salida del vuelo se acercaba y nosotros en incertidumbre total. Le rezábamos a todos los angelitos que nos ayudaran pero las cosas no era favorables. Nos llamó la chica y nos dijo que todo el vuelo estaba registrado y que era difícil tener lugar, pero que luego hay gente que a la mera hora no aparece y que de ser así podríamos volar. Así que nos mandaron a la puerta del vuelo a esperar a que alguien no apareciera. 

Subía y subía gente y nosotros ahí sentaditos esperando un milagro. Faltaban 10 minutos para que diera la hora de salida. 

En eso nos llama la chica del mostrador y nos dice, hay una posibilidad de que dos personas no se suban porque la policía esta hablando con ellos, sigan sentados. Volteamos y frente a nosotros dos policías vestidos de civil, parados junto a un hombre y una mujer. Se para el hombre y el policía le grita: siéntese que usted por lo menos en este vuelo no se va... una lucecita nos iluminaba un poco el camino. 

Pasa el tiempo, faltaban 5 minutos... y nada.

Nos llama la chica del mostrador y no pide los pasaportes, ufff lo logramos!!! No, nos dice la chica, solo quiero adelantar pero la policía aún no dice nada...tic tac tic tac...

Listo aborden ahh pero les va a tocar en asientos diferentes!!! Creo que los dos soltamos unas lágrimas de alegría y no nos cabía la sonrisa en la cara. 

El resto una gran historia. Llegamos a Morelia y ya nos estaban esperando para ir a comer unos maravillosos tacos del Infierno. Compartimos un poco con la familia, a algunos los tomamos por sorpresa...finalmente después de 10 meses, 7 días y 2 horas con 30 minutos y varios miles de kilómetros recorridos volvimos a casa. 

Ponernos tan elegantes fue toda una odisea...
Nota al pie: llegamos a la boda de Luck y Pau, nadie nos esperaba así que la sorpresa fue muy emotiva, pero esa es otra historia que contar...






viernes, 9 de octubre de 2015

Así espero tu regreso a la tierra del olvido


Como la luna que alumbra 
Por la noche los caminos 
Como las hojas al viento 
Como la tierra a la lluvia 
Como el mar espera al rio 
Así espero tu regreso 
A la tierra del olvido


Ay Colombia, te robaste nuestro corazón. Desde nuestra llegada a Barranquilla, con la larga espera de la llegada de Kotowa hasta nuestra salida por Ipiales acompañados por una rica lluvia que nos despidió en nuestro camino a Ecuador. 

Cómo les contamos en nuestro blog anterior, desde que llegamos a esta hermosa tierra estuvimos acompañados de ángeles y no fue la excepción toda nuestra estadía. Si pudiéramos describir nuestro paso por Colombia en una frase, creo que podría ser: momentos de compartir. 

En nuestro paso por Cartagena tuvimos la oportunidad de conocer a dos viajeros motociclistas de Francia que justo terminaban su viaje de dos meses por América. Fue genial como una simple pregunta: ¿son suyas las motos? desencadenan una charla de horas. 

El cuadro: dos franceses, dos mexicanos y dos colombianos (de la mesa de al lado) compartiendo experiencias, tips, historias, amistad y por supuesto unas cervezas. La noche fue espectacular y en un inmejorable lugar rodeados de los muros de la mítica ciudad de Cartagena de Indias. 

Pero Cartagena no solo fue la ciudad, pasamos un par de noches en Barú e Isla Grande y si bien el servicio del hostal en donde nos quedamos nos dejó con un ligero sabor amargo, en definitiva lo que salvó la experiencia fue conocer a Aramis y Kathy, dos amigos peruanos que pasaban sus vacaciones en Colombia y con quienes pudimos compartir, nuevamente, cervezas, historias y amistad. Estamos con muchas ganas de llegar a Perú y reunirnos de nuevo con ellos. 

Fue precisamente cuando salimos de Cartagena cuando empezamos a experimentar la vida de Colombia. Esta ciudad es muy turística y por todos lados encuentras vendedores, tiendas, bares, restaurantes, lo cual maquilla hasta cierto punto el ritmo de la ciudad. 

Salimos de Cartagena rumbo a Montería, la verdad desconocíamos totalmente lo que era manejar en las carreteras colombianas. La hora y media que hicimos de Barranquilla a Cartagena estaba lejos de mostrarnos lo que venía. 

Emprendimos camino. Los 280 kilómetros de distancia nos recibieron con curvas tremendas y el estado de la vía no era el ideal, sin embargo transitable. Vistas increíbles y muchas vacas pastando nos acompañaron en donde únicamente llegamos a dormir para seguir el camino al día siguiente. Ya en ese momento nos dimos cuenta que los kilómetros y el tiempo son relativos y mas en Colombia. Acostumbrados a manejar 100 km en 1 hora o menos en Estados Unidos y México, empezaba a cambiar. 

Aquí vino el primer reto, de Montería a Medellín son 400 kilómetros y ohh sopresa, después de 6 horas no habíamos avanzado ni la mitad. Aquí si literal #senosborrolarayita. Eso sí el cambio de terreno es espectacular, de estar a 39º C pasamos a estar a 17º C en menos de 15 minutos y nuevamente regresar a 32º. 

Las montañas son imponentes y la infraestructura carretera definitivamente tiene un mérito mas allá de la construcción misma. Curvas que parecen de 350º para ir sorteando las montañas. Mantener la moto bien acostada para salir de las curvas interminables fue todo un reto para ambos, sin movernos y casi aguantando la respiración. 

Es increíble el movimiento de carga en este país. Las vías son súper complejas y hay una cantidad tremenda de trailers (tractomulas como les llaman acá). Sin duda la movilidad es un reto y si a esto le agregamos que todo mundo quiere pasar al mismo tiempo lo complica mas. Motos, camiones y autos rebasando en curvas cerradas a toda velocidad, frenando donde se les da la gana y pitando a cualquier disminución de velocidad. Poco a poco empezamos a entender la dinámica: el que se avienta primero, pasa primero. 

Llegamos a Medellín después de poco mas de 8 horas de viaje con una sola parada para comer y un par para poner gasolina. Sopresa, llegamos a la hora pico, millones de autos y motos enfurecidos por llegar a casa. Ahí en medio del tráfico conocimos a Luis Fernando de Yamaha, quien nos alcanzó y nos apoyó a llegar a nuestro destino, guiándonos y tomándose el tiempo para explicarnos las rutas y finalmente llegamos al mejor lugar de Medellín: la casa de Edilma. 

Edilma es mamá de nuestra amiga Dina y sin conocerla nos adoptó en su casa y el click fue inmediato. A tal grado que hoy la hemos adoptado como nuestra tía. El tiempo que pasamos conversando fue infinito, todos los días nos daba la media noche contando historias. Nos habían contado que los "paisas" eran parlanchines y lo comprobamos con Edilma. Mamá orgullosa de sus hijas, enamorada de sus nietos y gran gozadora de la vida!

Defnitivamente compartir fue mágico, aprendimos mucho sobre Antioquia, como se vivía antes, los pueblos, la educación, las mujeres. Fue realmente interesante poder vivir esta región de Colombia desde adentro. 

Comimos como reyes, cantidad de arepas y descubrimos el delicioso jugo de tomate de árbol. Visitamos la ciudad. Cuando un colombiano te dice: Medellín es hermoso, créanme que no miente. Medellín es espectacular. Desde las grandes obras de Botero, el funicular y la arquitectura de la ciudad hasta simplemente estar en un parque y ver pasar a la gente. 

Eso si, el lugar que se la llevó fue Guatapé, este si es un lugar de esos que no puedes morir sin ver. Mas de 700 escalones te conducen hasta la cima de Peñol, una gigantesca piedra que algunas historias dicen que es un meteorito que ofrecen una vista espectacular a la represa, y a solo unos minutos se encuentra un colorido pueblo. Literal, todas las casas son de colores distintos y tiene un magia y tranquilidad que invita a caminar y tomar buen café sin necesidad de decir mucho sino solo estar. 

De Medellín partimos hacia Bogotá. Nuevamente nos enfrentamos a las sinuosas carreteras, llevábamos tres horas montados en Kotowa y únicamente habíamos avanzado 100 km. Fue un recorrido rudo pero tuvimos la suerte de encontrarnos a Don Augusto en la carretera. Había ido a visitar a sus nietos a Medellín y venía de vuelta a Bogotá en su Harley, gigantesca para él, quien a sus 70 años sigue acumulando kilómetros. En una parada ya cerca de Bogotá, nos deleitamos con unas almojábanas y una pony para reponer energía para el último tramo. 

Vaya que fue necesario ya que la entrada a Bogotá fue una tremenda locura. Literal millones de autos, camiones y motos hacinados en las calles, todos pitando y queriendo pasar al tiempo. Impresionante como no se pegan y no chocan entre ellos. Son como una perfecta columna de hormigas todos maniobrando en el tráfico. Don Augusto nos llevó hasta nuestro destino. Nuevamente un angelito del camino nos acompaño hasta llegar sanos a y salvos. 

Bogotá fue especial. Descansamos mucho y lo tomamos como un break del viaje. Tuvimos oportunidad de reunirnos con nuestros amigos Dani y Lulú, conocer a sus familias y hacer nuevos amigos entrañables. 

En Bogotá todo empieza temprano, a las 5:30 am ya hay tráfico. A esa hora ya hay luz de día por ende la gente comienza sus actividades de trabajo tan temprano y como a las 6 pm ya es de noche, el ritmo de vida es distinto. 

Tuve la oportunidad de acompañar a Dani un par de veces (a esa hora) a dictar talleres. Volverme a vestir con saco y camisa fue raro después de tiempo de no hacerlo. Sin embargo los talleres me agradaron mucho y fue muy rico compartir con equipos y con gente. 

Otro encuentro genial fue con Edwin, un gran amigo a quien solo conocía por skype y a quien finalmente pudimos conocer en persona, conocer a su esposa y sus dos hermosas nenas. Tuvimos charlas muy interesantes, compartimos anécdotas y aventuras. Es un apasionado por las motos al igual que Omar su socio, con ambos tenemos pendiente una endureada y paseo en jeep, seguramente lo haremos al regreso. 

Aunque turisteamos bastante en Bogotá, mas bien nos metimos en la vida colombiana. Aprendimos a hablar como colombianos: que pecao, ¿qué mas?, ay mariiica, estoy juicioso, ¿cómo así?, los chinos, parce, parcera, berraco o emberracao, hijoepucha, ayjoemadre, masmelo, el man, ¿qué te provoca?... incluso cogimos el transmilenio para darnos un buen baño de pueblo en varias ocasiones. 

Conocimos también a Claudia, una doctora que hace fisioterapia con shiatsu y terapia craneosacral. Wooow...eso si que fue nuevo para ambos, descubrimos como nuestro cuerpo trae historia milenaria grabada en cada célula y esta todo todo conectado. Fue una experiencia bellísima poder visualizar nuestro cuerpo y espíritu como uno y entender el lenguaje del cuerpo para sanar y mantenernos en movimiento. 

Bogotá estuvo lleno de encuentros y nuevos amigos que mas que ponerlo en letras, nos llevamos todo su cariño en nuestros corazones. Los paseos a Santa Marta y Nemocón, la rodada nocturna a Chía, la visita a Fusa, la noche de juegos de mesa, las travesuras de Diana y Aris, las caminatas en el centro, la vista de Monserrate, las terapias sanadoras de la Dra. Avellaneda con el gran equipo de Bilanco, hacer coro en la playa, los intentos de "comer sano", el arequipe, las discusiones, los planes y viajes futuros, las largas charlas acompañadas de desayuno bogotano, esto y miles de detalles mas hicieron que nuestra partida de Bogotá fuera difícil y mas al tener nuestra despedida mexicana llena de gratos recueros y buenos deseos para nuestro camino. 

De Bogotá partimos rumbo a Salento. Nuevamente nos enfrentamos a las duras carreteras, esta ves la Linea que tiene un desnivel de mas o menos 1600 metros y en su punto mas alto tiene 3300 meseros. Esto representa una dura proeza, el cambio de clima, la baja velocidad a la que hay que circular y la cantidad de vehículos lo hacen complejo. Sin embargo las vistas son espectaculares y en moto es un must de este país. 

En Salento llegamos a un lugar mágico: Yambolombia. Un hostal ubicado a varios kilómetros del pueblo pero es el lugar ideal para cualquier viajero con ganas de compartir y pasar un buen rato. Gabriel, el dueño, es un tipazo, desde que llegamos nos hizo sentir en casa. La mezcla del mundo con mochileros de muchas nacionalidades fue muy enriquecedor. Las charlas, las rutas, las aventuras, los lugares son parte de la conversación en este lugar.

Cercano a las fincas de café, cascadas y un santuario de colibríes son parte de la naturaleza que inunda el lugar. Tuvimos la oportunidad de sacar nuevamente nuestra casita de campaña e instalarnos en el penthouse del lugar. La ventaja fue la gran vista que teníamos en la mañana y la tranquilidad de la noche, lo malo fue que por la noche una ventisca tremenda hizo que amaneciéramos empanizados de pies a cabeza. Aún así dormimos de maravilla acompañados de los ruidos del ambiente. 

Con Gabriel en especial compartimos buenas charlas, nos contó como llego al lugar con el sueño de iniciar un viaje y no se fue de ahí. Son quince años con su proyecto y lo comparte con un amor tremendo. Aún así cuando habla de su viaje en bici por el mundo le brillan los ojos. Estamos seguros que no muy lejos este viajero andará pedaleando las carreteras de sudamérica con sus rastas y sonrisa de oreja a oreja. 

Nuestra siguiente parada fue Popayán. De la ciudad podemos decir que es hermosa y tranquila, casi casi un pueblito, distinto del bullicio de Bogotá. Sin embargo nuevamente lo mejor fue encontramos con gente increíble y sabernos bienvenidos a su hogar. Conocimos a Dario y Elena y a sus hijas Ana Victoria e Isabela, a Don Adolfo y Esteban, con quienes pasamos un fin de semana bien acompañados y con buena comida. 

Aprendimos mucho más sobre Colombia, sobre todo las diferencias que existen entre la costa, oriente, capital, sierra, etc. Saber que ese cliché de mayor desarrollo en el norte y menor en el sur, también aplica en este país. Conversar con Dario y Elena fue enriquecedor

Fue en Popayán que disfrutamos el maravilloso espectáculo de la luna roja. Tal vez en 18 años contemos a nuestros hijos que fue en este pequeño pueblo colombiano que presenciamos esta belleza del universo. 

Algo que definitivamente nos llevamos con buen sabor de boca es el tema de seguridad. Colombia por su historia tiene ese estigma y si algo podemos compartir es que en ningún momento nos sentimos en riesgo, claro no se trata de tapar el sol con un dedo, pero si podemos compartir que caminamos, manejamos y disfrutamos cada rincón que visitamos. Los soldados son muy amables, o por lo menos así se muestran en las carreteras. Cada que pasamos por un reten, nos saludaban. Afortunadamente no tuvimos ningún problema en nuestra travesía y eso nos hace muy felices. 

Cerramos la travesía de Colombia en Pasto en donde seguimos deleitándonos con mas y mas comida, por fin comimos cuy y hornado. Lo mejor de Pasto fue llegar a casa de los papás de Daniel y con Pilar su hermana quienes nos recibieron con el corazón abierto y gustoso de compartir con nosotros. 

Don Daniel es sencillamente genial. Tiene una cantidad de historias que contar y es un apasionado de la ecología y de la sustentabilidad. Nos llevó a pasear por toda la región, nos mostró los cultivos, los museos, la naturaleza de la laguna de la Cocha. Los días que estuvimos ahí siempre hubo plan para visitar y comer. De verdad que parecía que tenía la consigna de ponernos en engorda. No dejamos de probar nada de lo que nos ponían en la mesa. 

Además hicimos un compromiso, con todo y testigos: somos padrinos de viaje de Don Daniel. Tenemos la consigna de volver en unos meses para contarle todas nuestras aventuras y ruta a Chile a donde estamos seguros que muy pronto, este viajero de corazón llegará. 

Definitivamente estábamos cerrando con broche de oro Colombia. Al salir de Pasto fuimos a la gasolinera y vaya sorpresa, 200 motos y otros tantos autos formados haciendo fila, únicamente había dos gasolineras en toda la ciudad despachando combustible. Hicimos lo propio, nos formamos y conforme se iban acercando mas motos a la fila nos preguntaban que de donde éramos y nos dijeron que nosotros no hiciéramos la fila que les dijéramos a los despachadores que nos hicieran el favor y en palabras textuales "que los colombianos eran gente buena y amable". Me fui metiendo hacia adelante en la fila, un taxista se paró y me dijo que los policías podían ayudarnos así que busqué a uno quien amablemente se negó pues luego la gente se lo echaba en cara. 

Ya en el frente de la fila, la gasolinera cerrada con una valla por donde uno a uno le daban el paso a las motos, con la garganta seca del nervio le pregunté al vigilante nos daba oportunidad de cargar y ahí empezó todo, dos de los de la fila dijeron que no, que me formara, lo peor es que no me lo reclamaban a mi sino al vigilante y a los demás motociclistas que decían que sí, ósea 100 vs 2. Ya se andaba armando la trifulca y preferí decirle al vigilante que si había problema mejor no le moviéramos pero nuevamente entre Don Daniel y un taxista que salió a la defensa y se le encaró al motociclista que reclamaba y le dijo: "bueno si tanto le afecta yo le dejo mi lugar, ya lo quisiera ver a usted en un pueblo pidiendo ayuda y se la nieguen"...fin de la discusión, me dieron oportunidad de pasar, cargamos gas y casi casi con ovación de la larga fila de motos emprendimos nuestro camino hacia Ipiales, para cruzar a Ecuador.

Y una última sorpresa, no se puede dejar Colombia sin visitar Las Lajas

Gracias Colombia por tan bellos momentos, por tus largas y sinuosas carreteras, por permitirnos pisar tu tierra, respirar tu aire, bañarnos en tus mares y calentarnos con tu sol. Por los entrañables amigos que dejamos, por la cerveza poker, la club colombia negra y roja, las arenas, los bosques, la bella música y sobre todo las charlas y conversaciones con todas y cada una de las personas que conocimos en esta hermosa tierra. 

Colombia querida te llevamos en el corazón...

Nota al pie: les compartimos esta canción que nos acompaño en nuestra travesía por Colombia https://www.youtube.com/watch?v=8jtfXHadYIE

La Nariz del Diablo...en algún punto de las carreteras de Colombia

martes, 28 de julio de 2015

Nunca sabes que va a haber despues de la siguiente curva P.1

Después de una larga travesía y muchas aventuras, nos damos el tiempo de escribir algunas líneas para compartirles por las que hemos pasado. 

Dejamos atrás nuestro querido México y aunque estamos relativamente de la frontera el avanzar tantos kilómetros nos ha ayudado a volver a creérnosla. 

Después de la aventura por California en nuestro carrito, quien por cierto sirvió de hotel afuera de casa de Mili en donde tuvimos que dormir algunas horas ya que no nos escucharon llegar, regresamos a Tijuana en donde nuevamente Jimena y Walter se portaron al cien. 

No podíamos dejar de comer nuevamente en La Corriente, de verdad que si están en Tijuana no pueden dejar de venir a este maravilloso lugar. Me atrevo a decir que son los mejores mariscos del noroeste de México. 

Llegó la fecha esperada, me quitaron los clavos del dedo y me dieron de alta. ¿Veredicto? el mini hueso que corría riesgo de desaparecer, soldó bien y todo está en orden. Claro con la cuestión de que hoy tengo un dedo un poquito chueco. La rehabilitación de la Doctora Gloria fue espectacular y mas que eso un aprendizaje increíble de lo que el cuerpo humano puede hacer. Ya les contaremos.

Fue ahí cuando ahora si nos enfilamos para seguir nuestro camino. Con mucho pesar de dejar amigos atrás. Una rica cena que se salió de las manos se convirtió en  el mejor pretexto para hacer despedida. 

Nos sentimos como en casa y realmente hemos hablado de volver a esta bella tierra para quedarnos por mas tiempo en un futuro. Ya veremos en su momento. 

Salimos al medio día rumbo a Los Ángeles, después de un buen rato sin subirnos a Kotowa, ahí vamos en el terrorífico Freeway 5. No hay orden en lo absoluto en este estado para conducir. Con los nervios a todo, llegamos a casa de Mili nuevamente quien ya nos esperaba ya que esa tarde me invitaron a dar una charla. Llegamos y aunque el grupo fue pequeño fue enriquecedor y rico poder pasar la tarde con el grupo y sobre todo hacer nuevos amigos y volver a ver a nuestro querido amigo Tomás Noé quien está a punto de saltar a la fama en aquello de los comerciales de TV. 

La semana en Los Angeles fue muy buena, descansamos y finalmente pudimos disfrutar de la alberca ya que el sol estaba a todo, hasta clases de natación terminamos dando. 

El día que por fin nos decidimos ir a Six Flags, con el pretexto de celebrar mi cumpleaños tardío, llovió. Ufff nos dijeron que hacía años que no llovía en California y vaya que hay zonas que padecen una triste sequía, bueno ese día la madre naturaleza se lució. Nos subimos a dos juegos en todo el día. FRUSTRANTE...Terminamos ese día todos mojados de juegos y en regreso nuevamente enfrentar a los furiosos californianos al volante. 

Enamorada...
Nuevamente caminatas, descansos, nadar, carne asada nocturna con mucho baile, risas y lo mejor sentirnos parte de la hermosa familia que tiene Mili. Nos fue difícil dejar LA, mas que todo por lo bien que la pasamos. Sin embargo ya nos esperaba la carretera rumbo a las Vegas. 

Ahi si salimos temprano, 7 am y ya estábamos en la carretera para evitar el calor tremendo del desierto. El camino tranquilo, acostumbrándonos al manejo de la moto y tomando confianza de nuevo. Llegamos a las 11 a Las Vegas. Fue increíble recorrer el strip en la moto, eso sí cocinándonos con el calor pero bien orgullosos de haber llegado. 

Ahora si nos hospedamos en un hostal, super bien ubicado y sobre todo económico. Lo mejor de estos lugares son los viajeros y ese ambiente de conocer gente con el simple hecho de tomar una cerveza. El día fue genial, caminamos muchísimo, comimos en el famoso lugar de hamburguesas del Chef Gordon Ramsay, bueniiisimas. Lo malo es que a Aris se le olvidó su ID (y me culpó de ello) así que tuve que contrabandearle unos tragos de cerveza. 

No podíamos perdernos un show de Cirque du Soleil, si bien no encontramos boletos para el que queríamos fuimos a ver Mystère y como bien dijo mi colega Ernenek, definitivamente cualquier show es garantía, INCREÍBLE y  emocionante hasta las lágrimas. La energía con que se entregan los
Mystère... ¿qué nos espera?
acróbatas y actores es contagiosa, no hay forma de no salir con una sonrisa del show.

Al día siguiente decidimos quedarnos una noche mas, ya que el calor era realmente abrasivo e iba a estar cañón manejar así. Decidimos pasar un día tranquilo, dormimos hasta tarde y fuimos a visitar el Downtown de Las Vegas. 

No podíamos dejar de ir al famoso lugar Pawn Stars y ohhh tremenda decepción. Vaya que el History Channel le ha hecho un favor al lugar, abarrotado de turistas tomándose fotos (nosotros también lo hicimos), algunos artículos interesantes pero los "actores" del programa no están ahí. Digamos que no es lo que se ve en el programa de tele. 

Ahora, si realmente quieres conocer un lugar de antigüedades increíble, hay que ir a Lost Vegas Antiques. Entramos solo a curiosear y nos quedamos casi 2 horas platicando con Rich, el dueño. Lo que fue una pregunta de cuánto costaba un fonógrafo se convirtió en una charla única. 

Le contamos de nuestro viaje, nos contó de sus aventuras como motociclista, estuvimos de acuerdo
Con nuestro amigo Rich en Lost Vegas Antiques
que Baja California Sur es increíble y hasta de los presidentes de nuestros países terminamos mentando. Nos dijo algo que a ambos nos dio gusto. Decía que admiraba mucho a los mexicanos por su forma de trabajar y empeño en las cosas. Que el problema de drogas estaba acá en el consumo, que no había que ser brillante para saberlo. ¿Será?

Pasamos la tarde con Rich, salimos del lugar con regalos increíbles: un libro sobre la ruta 66, unos binoculares, calcomanías, una tarjeta con una mensaje para su hermano en Key West (Florida) para que nos invite a comer en su pizzería, una promesa de un día regresar por el fonógrafo y muchos muchos tips para el viaje. 





Ahora sí, al día siguiente salimos tempranito rumbo a nuestro próximo destino: El Gran Cañón.



No hay palabras para describirlo, como bien nos dijo Roger: llegas, lo ves y ¿? Una vez que te paras frente a esa inmensidad nuestra mente dijo ¿y ahora? Realmente quita el aliento y es algo que definitivamente hay que ver para poder describir. 


Acampamos, comimos delicioso y dormimos bajo las estrellas. ¿Qué mas podemos pedir? 

Nos pasó algo muy curioso. Hicimos una larga caminata por todo el cañón y de repente se nos acerca una chica y nos dice que nos quiere mostrar algo, saca su celular y nos muestra unas fotos diciendo: "me pareció muy romántico pero muy peligroso" 

Dejándonos abrazar por la hermosa Tierra
Si, esos de verde y rosa arriba somos nosotros
Así seguimos nuestra aventura: aprendiendo, conociendo(nos), descubriendo(nos), pero sobre todo recordando que hay que ir paso a paso en el Aquí&Ahora. 

Gracias a todos por seguirnos, por compartirnos y por querernos. Los extrañamos mucho a todos!!!

Nota al pie: el título de esta entrada se lo debo a mi buen amigo aventurero Rodrigo Fierros de Plan Pingüino. Gracias por ser inspirador.

Nota al pie 2: logré estar en Las Vegas sin que me pidieran amablemente salir del lugar...