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viernes, 9 de octubre de 2015

Así espero tu regreso a la tierra del olvido


Como la luna que alumbra 
Por la noche los caminos 
Como las hojas al viento 
Como la tierra a la lluvia 
Como el mar espera al rio 
Así espero tu regreso 
A la tierra del olvido


Ay Colombia, te robaste nuestro corazón. Desde nuestra llegada a Barranquilla, con la larga espera de la llegada de Kotowa hasta nuestra salida por Ipiales acompañados por una rica lluvia que nos despidió en nuestro camino a Ecuador. 

Cómo les contamos en nuestro blog anterior, desde que llegamos a esta hermosa tierra estuvimos acompañados de ángeles y no fue la excepción toda nuestra estadía. Si pudiéramos describir nuestro paso por Colombia en una frase, creo que podría ser: momentos de compartir. 

En nuestro paso por Cartagena tuvimos la oportunidad de conocer a dos viajeros motociclistas de Francia que justo terminaban su viaje de dos meses por América. Fue genial como una simple pregunta: ¿son suyas las motos? desencadenan una charla de horas. 

El cuadro: dos franceses, dos mexicanos y dos colombianos (de la mesa de al lado) compartiendo experiencias, tips, historias, amistad y por supuesto unas cervezas. La noche fue espectacular y en un inmejorable lugar rodeados de los muros de la mítica ciudad de Cartagena de Indias. 

Pero Cartagena no solo fue la ciudad, pasamos un par de noches en Barú e Isla Grande y si bien el servicio del hostal en donde nos quedamos nos dejó con un ligero sabor amargo, en definitiva lo que salvó la experiencia fue conocer a Aramis y Kathy, dos amigos peruanos que pasaban sus vacaciones en Colombia y con quienes pudimos compartir, nuevamente, cervezas, historias y amistad. Estamos con muchas ganas de llegar a Perú y reunirnos de nuevo con ellos. 

Fue precisamente cuando salimos de Cartagena cuando empezamos a experimentar la vida de Colombia. Esta ciudad es muy turística y por todos lados encuentras vendedores, tiendas, bares, restaurantes, lo cual maquilla hasta cierto punto el ritmo de la ciudad. 

Salimos de Cartagena rumbo a Montería, la verdad desconocíamos totalmente lo que era manejar en las carreteras colombianas. La hora y media que hicimos de Barranquilla a Cartagena estaba lejos de mostrarnos lo que venía. 

Emprendimos camino. Los 280 kilómetros de distancia nos recibieron con curvas tremendas y el estado de la vía no era el ideal, sin embargo transitable. Vistas increíbles y muchas vacas pastando nos acompañaron en donde únicamente llegamos a dormir para seguir el camino al día siguiente. Ya en ese momento nos dimos cuenta que los kilómetros y el tiempo son relativos y mas en Colombia. Acostumbrados a manejar 100 km en 1 hora o menos en Estados Unidos y México, empezaba a cambiar. 

Aquí vino el primer reto, de Montería a Medellín son 400 kilómetros y ohh sopresa, después de 6 horas no habíamos avanzado ni la mitad. Aquí si literal #senosborrolarayita. Eso sí el cambio de terreno es espectacular, de estar a 39º C pasamos a estar a 17º C en menos de 15 minutos y nuevamente regresar a 32º. 

Las montañas son imponentes y la infraestructura carretera definitivamente tiene un mérito mas allá de la construcción misma. Curvas que parecen de 350º para ir sorteando las montañas. Mantener la moto bien acostada para salir de las curvas interminables fue todo un reto para ambos, sin movernos y casi aguantando la respiración. 

Es increíble el movimiento de carga en este país. Las vías son súper complejas y hay una cantidad tremenda de trailers (tractomulas como les llaman acá). Sin duda la movilidad es un reto y si a esto le agregamos que todo mundo quiere pasar al mismo tiempo lo complica mas. Motos, camiones y autos rebasando en curvas cerradas a toda velocidad, frenando donde se les da la gana y pitando a cualquier disminución de velocidad. Poco a poco empezamos a entender la dinámica: el que se avienta primero, pasa primero. 

Llegamos a Medellín después de poco mas de 8 horas de viaje con una sola parada para comer y un par para poner gasolina. Sopresa, llegamos a la hora pico, millones de autos y motos enfurecidos por llegar a casa. Ahí en medio del tráfico conocimos a Luis Fernando de Yamaha, quien nos alcanzó y nos apoyó a llegar a nuestro destino, guiándonos y tomándose el tiempo para explicarnos las rutas y finalmente llegamos al mejor lugar de Medellín: la casa de Edilma. 

Edilma es mamá de nuestra amiga Dina y sin conocerla nos adoptó en su casa y el click fue inmediato. A tal grado que hoy la hemos adoptado como nuestra tía. El tiempo que pasamos conversando fue infinito, todos los días nos daba la media noche contando historias. Nos habían contado que los "paisas" eran parlanchines y lo comprobamos con Edilma. Mamá orgullosa de sus hijas, enamorada de sus nietos y gran gozadora de la vida!

Defnitivamente compartir fue mágico, aprendimos mucho sobre Antioquia, como se vivía antes, los pueblos, la educación, las mujeres. Fue realmente interesante poder vivir esta región de Colombia desde adentro. 

Comimos como reyes, cantidad de arepas y descubrimos el delicioso jugo de tomate de árbol. Visitamos la ciudad. Cuando un colombiano te dice: Medellín es hermoso, créanme que no miente. Medellín es espectacular. Desde las grandes obras de Botero, el funicular y la arquitectura de la ciudad hasta simplemente estar en un parque y ver pasar a la gente. 

Eso si, el lugar que se la llevó fue Guatapé, este si es un lugar de esos que no puedes morir sin ver. Mas de 700 escalones te conducen hasta la cima de Peñol, una gigantesca piedra que algunas historias dicen que es un meteorito que ofrecen una vista espectacular a la represa, y a solo unos minutos se encuentra un colorido pueblo. Literal, todas las casas son de colores distintos y tiene un magia y tranquilidad que invita a caminar y tomar buen café sin necesidad de decir mucho sino solo estar. 

De Medellín partimos hacia Bogotá. Nuevamente nos enfrentamos a las sinuosas carreteras, llevábamos tres horas montados en Kotowa y únicamente habíamos avanzado 100 km. Fue un recorrido rudo pero tuvimos la suerte de encontrarnos a Don Augusto en la carretera. Había ido a visitar a sus nietos a Medellín y venía de vuelta a Bogotá en su Harley, gigantesca para él, quien a sus 70 años sigue acumulando kilómetros. En una parada ya cerca de Bogotá, nos deleitamos con unas almojábanas y una pony para reponer energía para el último tramo. 

Vaya que fue necesario ya que la entrada a Bogotá fue una tremenda locura. Literal millones de autos, camiones y motos hacinados en las calles, todos pitando y queriendo pasar al tiempo. Impresionante como no se pegan y no chocan entre ellos. Son como una perfecta columna de hormigas todos maniobrando en el tráfico. Don Augusto nos llevó hasta nuestro destino. Nuevamente un angelito del camino nos acompaño hasta llegar sanos a y salvos. 

Bogotá fue especial. Descansamos mucho y lo tomamos como un break del viaje. Tuvimos oportunidad de reunirnos con nuestros amigos Dani y Lulú, conocer a sus familias y hacer nuevos amigos entrañables. 

En Bogotá todo empieza temprano, a las 5:30 am ya hay tráfico. A esa hora ya hay luz de día por ende la gente comienza sus actividades de trabajo tan temprano y como a las 6 pm ya es de noche, el ritmo de vida es distinto. 

Tuve la oportunidad de acompañar a Dani un par de veces (a esa hora) a dictar talleres. Volverme a vestir con saco y camisa fue raro después de tiempo de no hacerlo. Sin embargo los talleres me agradaron mucho y fue muy rico compartir con equipos y con gente. 

Otro encuentro genial fue con Edwin, un gran amigo a quien solo conocía por skype y a quien finalmente pudimos conocer en persona, conocer a su esposa y sus dos hermosas nenas. Tuvimos charlas muy interesantes, compartimos anécdotas y aventuras. Es un apasionado por las motos al igual que Omar su socio, con ambos tenemos pendiente una endureada y paseo en jeep, seguramente lo haremos al regreso. 

Aunque turisteamos bastante en Bogotá, mas bien nos metimos en la vida colombiana. Aprendimos a hablar como colombianos: que pecao, ¿qué mas?, ay mariiica, estoy juicioso, ¿cómo así?, los chinos, parce, parcera, berraco o emberracao, hijoepucha, ayjoemadre, masmelo, el man, ¿qué te provoca?... incluso cogimos el transmilenio para darnos un buen baño de pueblo en varias ocasiones. 

Conocimos también a Claudia, una doctora que hace fisioterapia con shiatsu y terapia craneosacral. Wooow...eso si que fue nuevo para ambos, descubrimos como nuestro cuerpo trae historia milenaria grabada en cada célula y esta todo todo conectado. Fue una experiencia bellísima poder visualizar nuestro cuerpo y espíritu como uno y entender el lenguaje del cuerpo para sanar y mantenernos en movimiento. 

Bogotá estuvo lleno de encuentros y nuevos amigos que mas que ponerlo en letras, nos llevamos todo su cariño en nuestros corazones. Los paseos a Santa Marta y Nemocón, la rodada nocturna a Chía, la visita a Fusa, la noche de juegos de mesa, las travesuras de Diana y Aris, las caminatas en el centro, la vista de Monserrate, las terapias sanadoras de la Dra. Avellaneda con el gran equipo de Bilanco, hacer coro en la playa, los intentos de "comer sano", el arequipe, las discusiones, los planes y viajes futuros, las largas charlas acompañadas de desayuno bogotano, esto y miles de detalles mas hicieron que nuestra partida de Bogotá fuera difícil y mas al tener nuestra despedida mexicana llena de gratos recueros y buenos deseos para nuestro camino. 

De Bogotá partimos rumbo a Salento. Nuevamente nos enfrentamos a las duras carreteras, esta ves la Linea que tiene un desnivel de mas o menos 1600 metros y en su punto mas alto tiene 3300 meseros. Esto representa una dura proeza, el cambio de clima, la baja velocidad a la que hay que circular y la cantidad de vehículos lo hacen complejo. Sin embargo las vistas son espectaculares y en moto es un must de este país. 

En Salento llegamos a un lugar mágico: Yambolombia. Un hostal ubicado a varios kilómetros del pueblo pero es el lugar ideal para cualquier viajero con ganas de compartir y pasar un buen rato. Gabriel, el dueño, es un tipazo, desde que llegamos nos hizo sentir en casa. La mezcla del mundo con mochileros de muchas nacionalidades fue muy enriquecedor. Las charlas, las rutas, las aventuras, los lugares son parte de la conversación en este lugar.

Cercano a las fincas de café, cascadas y un santuario de colibríes son parte de la naturaleza que inunda el lugar. Tuvimos la oportunidad de sacar nuevamente nuestra casita de campaña e instalarnos en el penthouse del lugar. La ventaja fue la gran vista que teníamos en la mañana y la tranquilidad de la noche, lo malo fue que por la noche una ventisca tremenda hizo que amaneciéramos empanizados de pies a cabeza. Aún así dormimos de maravilla acompañados de los ruidos del ambiente. 

Con Gabriel en especial compartimos buenas charlas, nos contó como llego al lugar con el sueño de iniciar un viaje y no se fue de ahí. Son quince años con su proyecto y lo comparte con un amor tremendo. Aún así cuando habla de su viaje en bici por el mundo le brillan los ojos. Estamos seguros que no muy lejos este viajero andará pedaleando las carreteras de sudamérica con sus rastas y sonrisa de oreja a oreja. 

Nuestra siguiente parada fue Popayán. De la ciudad podemos decir que es hermosa y tranquila, casi casi un pueblito, distinto del bullicio de Bogotá. Sin embargo nuevamente lo mejor fue encontramos con gente increíble y sabernos bienvenidos a su hogar. Conocimos a Dario y Elena y a sus hijas Ana Victoria e Isabela, a Don Adolfo y Esteban, con quienes pasamos un fin de semana bien acompañados y con buena comida. 

Aprendimos mucho más sobre Colombia, sobre todo las diferencias que existen entre la costa, oriente, capital, sierra, etc. Saber que ese cliché de mayor desarrollo en el norte y menor en el sur, también aplica en este país. Conversar con Dario y Elena fue enriquecedor

Fue en Popayán que disfrutamos el maravilloso espectáculo de la luna roja. Tal vez en 18 años contemos a nuestros hijos que fue en este pequeño pueblo colombiano que presenciamos esta belleza del universo. 

Algo que definitivamente nos llevamos con buen sabor de boca es el tema de seguridad. Colombia por su historia tiene ese estigma y si algo podemos compartir es que en ningún momento nos sentimos en riesgo, claro no se trata de tapar el sol con un dedo, pero si podemos compartir que caminamos, manejamos y disfrutamos cada rincón que visitamos. Los soldados son muy amables, o por lo menos así se muestran en las carreteras. Cada que pasamos por un reten, nos saludaban. Afortunadamente no tuvimos ningún problema en nuestra travesía y eso nos hace muy felices. 

Cerramos la travesía de Colombia en Pasto en donde seguimos deleitándonos con mas y mas comida, por fin comimos cuy y hornado. Lo mejor de Pasto fue llegar a casa de los papás de Daniel y con Pilar su hermana quienes nos recibieron con el corazón abierto y gustoso de compartir con nosotros. 

Don Daniel es sencillamente genial. Tiene una cantidad de historias que contar y es un apasionado de la ecología y de la sustentabilidad. Nos llevó a pasear por toda la región, nos mostró los cultivos, los museos, la naturaleza de la laguna de la Cocha. Los días que estuvimos ahí siempre hubo plan para visitar y comer. De verdad que parecía que tenía la consigna de ponernos en engorda. No dejamos de probar nada de lo que nos ponían en la mesa. 

Además hicimos un compromiso, con todo y testigos: somos padrinos de viaje de Don Daniel. Tenemos la consigna de volver en unos meses para contarle todas nuestras aventuras y ruta a Chile a donde estamos seguros que muy pronto, este viajero de corazón llegará. 

Definitivamente estábamos cerrando con broche de oro Colombia. Al salir de Pasto fuimos a la gasolinera y vaya sorpresa, 200 motos y otros tantos autos formados haciendo fila, únicamente había dos gasolineras en toda la ciudad despachando combustible. Hicimos lo propio, nos formamos y conforme se iban acercando mas motos a la fila nos preguntaban que de donde éramos y nos dijeron que nosotros no hiciéramos la fila que les dijéramos a los despachadores que nos hicieran el favor y en palabras textuales "que los colombianos eran gente buena y amable". Me fui metiendo hacia adelante en la fila, un taxista se paró y me dijo que los policías podían ayudarnos así que busqué a uno quien amablemente se negó pues luego la gente se lo echaba en cara. 

Ya en el frente de la fila, la gasolinera cerrada con una valla por donde uno a uno le daban el paso a las motos, con la garganta seca del nervio le pregunté al vigilante nos daba oportunidad de cargar y ahí empezó todo, dos de los de la fila dijeron que no, que me formara, lo peor es que no me lo reclamaban a mi sino al vigilante y a los demás motociclistas que decían que sí, ósea 100 vs 2. Ya se andaba armando la trifulca y preferí decirle al vigilante que si había problema mejor no le moviéramos pero nuevamente entre Don Daniel y un taxista que salió a la defensa y se le encaró al motociclista que reclamaba y le dijo: "bueno si tanto le afecta yo le dejo mi lugar, ya lo quisiera ver a usted en un pueblo pidiendo ayuda y se la nieguen"...fin de la discusión, me dieron oportunidad de pasar, cargamos gas y casi casi con ovación de la larga fila de motos emprendimos nuestro camino hacia Ipiales, para cruzar a Ecuador.

Y una última sorpresa, no se puede dejar Colombia sin visitar Las Lajas

Gracias Colombia por tan bellos momentos, por tus largas y sinuosas carreteras, por permitirnos pisar tu tierra, respirar tu aire, bañarnos en tus mares y calentarnos con tu sol. Por los entrañables amigos que dejamos, por la cerveza poker, la club colombia negra y roja, las arenas, los bosques, la bella música y sobre todo las charlas y conversaciones con todas y cada una de las personas que conocimos en esta hermosa tierra. 

Colombia querida te llevamos en el corazón...

Nota al pie: les compartimos esta canción que nos acompaño en nuestra travesía por Colombia https://www.youtube.com/watch?v=8jtfXHadYIE

La Nariz del Diablo...en algún punto de las carreteras de Colombia

lunes, 24 de agosto de 2015

De trámites y otros demonios...y algunos ángeles también.

"No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad"
GGM. 
Del amor y otros demonios


Nuestra estancia en Florida fue genial pero sobre todo especial. 

La iniciamos en Jacksonville visitando a John. El fue amigo del abuelo de Aris y llegamos con el a cumplir con la eterna invitación que le hizo por años. John es un tipazo, un gran viajero y apasionado del deporte. Fue perfecto, dormimos increíble en una cama deliciosa, comimos super rico y conocimos a Ginny (gran aficionada de las ardillas) y a Marty (gran aficionado a las motos) y ambos grandes aficionados a navegar. 

De ahí nos fuimos a Orlando en donde tuvimos la oportunidad de reencontrarnos con mi profe musical Boggie. Sabemos que en el fondo ama a Mickey Mouse y su sueño es tener fotos con todos los personajes de Disney. Tuvimos un rato muy divertido en Magic Kindom, la verdad se lució con su atención y gran sentido del humor...ácido. Por cierto si van a Orlando en Navidad, no se lo pierdan cantando en el coro oficial!!! Felicidades profe...

El viaje a Orlando a Miami, no fue nada placentero. El cuerpo empezó a pasar factura después de un mes imparable de viaje y el agotamiento me afectó un poco durante el viaje que resolvimos con un par de paradas en carretera y un red bull. 

En Miami nos reunimos con Victor quien había prometido que nos reuniríamos en algún punto del viaje y así fue. Su recibimiento fue inmejorable, ya había rentado un auto y sus palabras fueron: ahora si descansen de la moto y relájense. Dejamos a Kotowa en un estacionamiento y de inmediato nos fuimos a conquistar Miami Beach. Sin mas plan que el pasar un buen rato y ponernos al tanto llegamos. 

Victor tenía unas cuantas semanas de haberse casado así que tuvimos suficiente tiempo de que nos contara los pormenores de la mini boda que tuvieron con Gris y hablar lo que había sido nuestra aventura hasta el momento. Claro hablamos de eso y más. Se nos hizo fácil buscar hotel hasta las tres de la mañana ¿por qué no?.

Después de un par de días en Miami nos aventuramos hasta Key West. Para nosotros fue espectacular llegar hasta el otro lado de EUA y poder estar en la última tierra. Dicen que de ahí en días despejados incluso se puede ver Cuba. 

La despedida fue un poco triste pues sabemos que pasará un buen tiempo para volvernos a reunir aunque ya tenemos un plan bastante bueno para el próximo año. 

Miami no dejó de sorprendernos. Resulta que dos buenos amigos de ambos se casaron y estaban viviendo ahí. Se lucieron Tan y Luis al recibirnos en su hogar y compartir con nosotros su felicidad y sus planes. 

La verdad no pudo ser mejor pues justo esos días iniciamos con los trámites para irnos a Colombia. Y la ayuda de ambos nos cayó como agua fresca. Eso si, no dejamos de disfrutar y tomar vino y cerveza y algunas de las charlas fueron de muchas muchas horas.

También tuvimos un reencuentro increíble con Adriana e Inés con quienes, aunque un poco apresurado, desayunamos y conversamos rico para ponernos al día después de tres años de no vernos. Es rico saber que se siente aún el cariño de esa familia que formamos en 2012. 

Ahora si, los trámites...enviar la moto fue mas complejo de lo que creíamos. No lo hubiéramos logrado sin la ayuda de Edwin, un gran amigo de Colombia quien a pesar de estar a días de ser papá por segunda ocasión no dejó de apoyarnos ni un momento. De Marcela de Avianca quien también estuvo muy al pendiente y nos apoyó con contactos en Miami para realizar todos los trámites. De Oscar, Felipe y Jairo quienes armaron un crate impecable para que Kotowa viajara bien cuidada y de toda la gente de Avianca que nos apoyó de forma increíble. 

Nos demoramos un poco mas de lo que creíamos pues al final nos faltó un documento de la aduana de EUA, no tiene ciencia que te lo den pero sus reglas dicen que tardan 24 horas hábiles así que disfrutamos de Miami un par de días mas los cuales disfrutamos muchísimo con Luis y Tan y además nos llevaron a cumplir el sueño de hacer paddle board, lo cual es muy divertido. Ya nos vimos haciendo esto muchas veces. Son una pareja genial y sabemos que les irá de maravilla en esta nueva etapa que comienzan juntos. 

Por recomendaciones diversas, concluimos que es mucho mejor viajar con la moto, así que haciendo cuentas, decidimos enviar la moto por avión. Si, nos salió mucho mas caro de lo planeado pero ese tiempo lo ganamos en días de hospedaje. El vuelo solo sale los jueves y sábados. Así que por el mentado papel de la aduana perdimos el vuelo del sábado y se fue hasta el jueves siguiente. 

Nosotros llegamos a Barranquilla el Lunes por la tarde. Bienvenidos al caos vial...hoy me disculpo con los californianos por haber criticado su furia al volante. Aquí si es un desastre: coches, motos, mini coches, camiones, peatones, todos cruzan, pitan ya se avientan al mismo tiempo. 

Barranquilla no está cerca de ser una ciudad linda, a nuestras primeras impresiones está demasiado sucia por la basura de las calles y algunas zonas bastante descuidadas. Aún así disfrutamos caminar un poco por la ciudad y conocer el Museo del Caribe. 

Ah, se me olvidaba. Frente al hostal había una escuela primaria que mas bien parecía aviaría. De verdad, desde las 7 hasta las 5 los chiquillos no dejaban de gritar, incluso nos dijeron que ya había quejas de los vecinos por esta institución y sus "métodos educativos". 

El jueves muy contentos fuimos al aeropuerto de carga, según nosotros ese día salíamos ya en moto, pero ooh sorpresa, resulta que el vuelo se retrasó y llegaría hasta en la noche. Lo bueno es que nos enteramos de los trámites (los primeros). Ir a pagar a un banco el costo de la liberación documentos. Ahi viene el primer problema. Por ser extranjeros no sabían que datos poner en la ficha así que nos llevamos un par de horas en el banco. 

Al día siguiente, de nuevo con la emoción al tope para poder liberar la moto, llegamos al aeropuerto. Estando en la fila, recibí un mensaje de Lulú, nuestra madrina mágica, preguntando cómo íbamos. Le dije que por favor prendiera unas velas para que el trámite fuera rápido y me respondió: te mando a los ángeles aduaneros. 

A que voy con esto. Frente a mi estaba un señor y cuando volteó su chaleco decía: Agencia de Aduanas, así que le pregunté si el conocía el trámite. Faltaba más, de inmediato se tomó el papel muy en serio y nos brindó todo su apoyo. Por no ser un trámite muy común, nadie sabía a ciencia cierta que hacer. Unos decían que era directa la liberación, otros que había que importarla y otros mejor no opinaban para no tener culpa. 

Bien, Pedro, nuestro ángel se la rifó en toda la extensión de la palabra. Investigó cual era el trámite y nos fuimos a la DIAN y ahí conocimos a Carlos quien ya tenía todo resuelto. Resulta que existe un documento llamado: formato de exensión de importación temporal para vehículos de turistas.  Bendito documento, fue la mejor noticia de la semana. Eso si la espera fue larga, siete horas en la DIAN esperando a que llenaran los papeles y sobre todo recabaran la firma del papi... sí, el papi es el mero mero y como todos los viernes los trabajadores de la DIAN tienen un evento de integración por la tarde pues tuvieron que ir a buscarlo para la firma, la cual amablemente nos dio y siendo las 6 pm nos entregaron la documentación para liberar. 

Como ya no era hora de liberar en Avianca, nos quedamos otra noche para el sábado ir por Kotowa y así fue. Nos la entregaron realmente rápido. Ya Pedro había coordinado con dos personas que abrieran el crate, así que listo. Fue todo un espectáculo para todos ahí, ver como abrían la caja, como sacamos la moto, conectar la batería, cargar el equipaje que traíamos ahí suelto. Fue divertido pues se tomaban fotos arriba de la moto y fotos con nosotros, teníamos a toda la comitiva ahí alrededor. 

¿Listo? No. Resulta que nos faltaba el SOAT, que es un seguro obligatorio para vehículos en Colombia y para las motos es mas que indispensable. Así que nuevamente Pedro se movió e investigó pero como era Sábado imposible obtenerlo ese mismo día. Ni modo, a esperar al lunes. 

Hoy nos levantamos temprano, preparamos el equipaje y fuimos a la oficina que nos habían dicho. Sorpresa!!! Ahí no vendían ese tipo de seguro. Nos dijeron de otro lugar que afortunadamente no estaba lejos, caminamos y efectivamente lo teníamos. Nos dieron el número 63, esperamos unos 20 min y justo cuando nos llamaron, entró Pedro por la puerta de la oficina. 

Listos con seguro en mano, documentos, equipaje montado y toda la actitud. Nuestro amigo Pedro nos encaminó a la carretera que nos traería, no sin antes pasar a desayunar: arepa de huevo, arepa de maíz dulce acompañado de un vaso helado de corozo. 

Ahora sí a seguir el camino a Cartagena!!



Nota al pie: ¿Me creen si les digo que los ángeles existen? gracias a todos ellos que nos acompañan y nos cruzamos en el camino de esta aventura.