sábado, 13 de febrero de 2016

De Mendoza al fin de América: la mítica RUTA 40

Llegó el momento de seguir, después de unos merecidos días de descanso y de recuperación de la tremenda gripa, nos montamos nuevamente en Kotowa y salimos rumbo al sur.

Nuevamente con el corazón apachurrado por dejar a nuestros amigos Erico y Ale emprendimos el camino. Dejar Mendoza fue realmente complicado, conocimos tanta gente increíble y la pasamos tan bien que los primeros kilómetros fueron un tanto nostálgicos.

Nos esperaba un largo camino para llegar a Catriel en donde nos esperaba Francisco. Un gran amigo que conocí hace algunos años en Colombia. Mucha gente nos preguntaba qué que era lo que haríamos en Catriel si ahí no había nada que ver y nos desviaba un poco de la ruta, pero allá nos esperaba ya Francisco, un buen amigo que conocí hace algunos años en Colombia y ahora nos volveríamos a ver.

La carretera fue buena, muy recta y de desierto así que no tuvo mucha ciencia y mas bien estuvo aburrida. Llegamos a Catriel por la tarde. El paisaje nos recibió pozos de petroleo por todos lados.

Francisco "había olvidado" que al día siguiente era su cumpleaños, así que no hubo mas que celebrar con un delicioso chivito, cerveza, vino y un pastel maravilloso que prepró Meli su novia y la compañía de la familia y amigos no pudo ser mejor.

Nos quedamos dos noches allá, lo cual nos permitió dar el tour del petróleo con Fran, no conocíamos practicamente nada de esta importante actividad así que fue interesante saber todo aquello que escuchamos sobre el bendito oro negro. Resulta que aquí en Argentina esta un yacimiento gigante que se llama Vaca Muerta y es uno de los lugares mas importantes del mundo para obtener petróleo y gas aunque muy complicado para hacerlo por la profundidad que tiene.

Las visitas de este tipo nos pesan pues son cortitas y nos hubiera encantado quedarnos mas tiempo, sin embargo decidimos seguir para hacer la Ruta de los 7 Lagos, uno de los hitos de este viaje.

El lugar es un paraíso que las fotos no le hacen honor, en el camino conocímos a Gaby. Una mujer excepcional, no solo porque viajaba sola desde Río Gallegos (Sur de Argentina) sino porque mientras ella iba en la moto su esposo viajaba por otra ruta en el auto con sus niños para encontrarse en San Martín de los Andes. Compartimos la carretera, agua y un buen sandwich que Gaby nos dió pues esa vez no previmos y no traiamos nada de comer mas que una granolita.

En San Martín tuvimos que pasar un buen rato haciendo un cambio a la llanta trasera de Kotowa pues descubrimos una rajadura así que le pusimos cámara para que aguante unos kilómetros mas y pudieramos comparar la nueva llanta hasta Punta Arenas...(Nota publicitaria: buscamos patrocinadores para comparla).

San Martín es un pueblito hermoso, enclavado en las montañas y rodeado de bosques. Paseamos un poco antes de meternos ahora si en la ruta hacia Lago Traful donde haríamos camping junto al lago. El lugar no tiene comparación, es como una pintura de Bob Ross con árboles felices por todos lados.

Esa noche disfrutamos de una cena deliciosa, trucha a la parrilla con un buen vino. Lo mejor llegó en la noche que nos tiramos en la playa a ver las estrellas, el cielo estaba brillante de tantas estrellas, cualquier palabra que usemos se queda corta. Las estrellas fugaces nos acompañaban en todo momento pero hubo una que dejó una estela larga larga larga que no impidió que sin duda soltaramos algunas lágrimas.

En este punto yo tenía dudas de seguir el camino hacia Ushuaia, pensamos que podíamos pegar la vuelta hacia Chile y hacer el camino de vuelta sin seguir mas al sur y no fue una vez sino varias. Todo eso era miedo e incertidumbre de lo que nos esperaba pues cuando preguntabamos sobre la ruta 40 y la Patagonia, nos hablaban muy al aire. Nos decían "aguas con el viento", "uuuy el ripio (terracería) es terrible", "el frio es muy malo", todo eso me metió dudas y si estuve muy tentado a pegar la vuelta. El problema es la falta de claridad que teníamos de información. Es decir cuando nos decían que "aguas con el viento", yo sentía como si nos dijeran: vívelo y verás, como diciendo yo ya lo pasé a ver que tal te va a ti.

En fin, llegamos a Villa La Angostura a pasar la tarde caminamos un poco y nos fuimos al camping. Había un par de moteros una pareja de argentinos y un señor de Sudáfrica.

No faltó mucho tiempo para empezar a conversar con José María y Silvana quienes resultaron ser toda una leyenda de la Ruta 40. Resulta que hace algunos años hicieron toda la 40 en una KLR 650 arrastrando un remolque de tres metros de largo y bueno sus historias son lo mejor. Pasamos una noche riendo tanto que nos dolía la panza. Eso sí, José María es el peor argentino que hemos conocido hasta ahora pues teniendo un asador increíble con unas brazas envidiables lo mas que logró poner en la parrilla fueron unas hamburguesas...bueno a nosotros eso nos pareció normal pero según entendimos el asar hamburguesas era casi una ofensa para el asado en la tierra del asado, en fin, comimos delicioso y compartimos mucho.

Lo mejor que nos pudo pasar a esta altura del viaje fue conocerlos. Nos dieron mucho ánimo para hacer la ruta 40. Nos dijeron que la Patagonia nos iba a querer vencer, que nos iba a poner a prueba, que el viento era duro y probablemente tendríamos que parar en medio de la nada ya que no nos dejaría seguir, que era muy probable que nos cayéramos pero que valía la pena hacerlo, que era un reto que teníamos y merecíamos vivir como viajeros y como pareja. Así que sabiendo esto el miedo se convirtió en adrenalina para enfrentar el reto, así que a darle.

Efectivamente la ruta 40 fue compleja, el viento y el frío es duro, varias veces nos sacó del carril para movernos al otro lado de la carretera, parar era una proeza pues el viento empujaba duro la moto y arrancar de nuevo era peor. Le sufrimos bastante pero avanzamos bien, con calma y sin prisa por llegar. Nos dijeron que en la 40 no se puede planear, no hay rutas que puedas determinar y que se puedan planear es seguir hasta donde el viento y el frío lo permitan. Afortunadamente nos fue bien y llegamos a Gobernador Gregores, tuvimos 20 km de tercería decente pero llegamos a dormir ahora si a un hotel después de muchas noches de camping, nos lo merecíamos bien.

Aquí empezó otro reto, conseguir gasolina. Si bien teníamos el tanque lleno, nos habíamos gastado ya los bidones de reserva y llegar a El Calafate nos era ya imposible así que a esperar, poco a poco se fue juntando gente y la fila se hizo larga. El ambiente era bueno y aunque había algunos desesperados no generó mayor problema y esperamos pacientemente. A uno por ahí se le ocurrió vender gasolina a 40 pesos el litro, considerando que acá en esta región esta a 11 nos pareció imposible comprarlo además de que teníamos solo 200 pesos de efectivo pues no habíamos podido retirar en varios cajeros que habíamos pasado.

Lo malo de esto es que la situación se extendía en todo el estado de Santa Cruz y era incierto el tener gasolina en los pueblos siguientes, así que tomamos la decisión de dejar fuera de la ruta la visita a El Chaltén, lugar que nos recomendaron mucho y que era un imperdible.

Ya casi por entrar la noche nos cayó un angelito de esos buenos del camino. En la charla con unos amigos chilenos se acercó una chica con su papá y nos dijo que ellos podían darnos gasolina para que pudiéramos seguir, que de cualquier forma ellos tendrían que esperar y compartirnos unos litros no les haría diferencia. Resulta que Roque (el papá) había sido motero y manejaba una Harley del año 46 que su papá había comprado de 0 km. Así que de motero a motero nos apoyó y pudimos irnos al camping de nuevo para seguir al día siguiente.

Ahí en la gas conocimos a Marcondes y Katia de Brasil, con quienes nos pusimos de acuerdo para hacer la ruta hacia el sur juntos. Eso fue muy bueno pues estar acompañados siempre es mejor y mas en una ruta compleja así que a seguirle que aún falta un camino por recorrer.



domingo, 6 de diciembre de 2015

Aaay Bolivia...bello pero extraño

Algunos viajeros nos habían contado historias misteriosas sobre Bolivia, pero teníamos que vivirlo y verlo con nuestros propios ojos....Ufff Bolivia es un país sumamente extraño, bello pero extraño.

Cruzamos la frontera por Copacabana pues nos habían dicho que era mas sencillo y así fue, demoramos una hora entre trámites y revisiones, nos pidieron el primer chesco porque no encontraba el papel del seguro pero afortunadamente la libramos.

Llegamos a Copacabana a buscar hospedaje y en ello nos encontramos a Mariano, un argentino sumamente genial que también esta viajando en su moto desde Buenos Aires. Buscamos juntos y después de algunas extrañas negociaciones como el que nos cobren cada ducha extra, pagar por cada moto y un sin fin de cosas absurdas llegamos con Salomón al hostal Gabriel. Nada espectacular pero las motos iban a estar guardaditas y seguras y las habitaciones no de gran lujo pero estaban bien.


Salimos a conocer un poco y a buscar donde cenar y pasamos una gran noche charlando con Mariano sobre las aventuras de todos. La verdad es que esos dos rones que nos tomamos hicieron un poco de las suyas aunque como acá dicen todo es por la altura.

Al día siguiente nos fuimos a la Isla del Sol que es algo así como un must para quien visita el Lago Titicaca. Lo mejor fue el viaje en lancha ya que conocimos unos chavos argentinos y un español que si son bien hippies por su estilo de viajar. Sacaron la guitarra y fue una travesía con buena música y mucha risa.


La isla del sol no tiene nada de espectacular, realmente el lago es lo que es impactante. Eso sí hace un frío del demonio pero aún así sobrevivimos.

Todo cuesta, desde una explicación absurda con un pseudo guía que repetía lo mismo y se hacía bolas, hasta "cruzar" la frontera de la isla. De poquito en poquito le van agregando costos y además cambian de opinión a cada rato. 

La caminata es de 3 horas de lado a lado y aunque tuvimos algunas buenas fotos que tomar, la verdad es que la charla nos llevó a hablar de negocios, hostales, proyectos y sueños de los tres. Salieron cosas muy interesantes para proyectos en unos meses.

Regresamos "a toda velocidad" a Copacabana y muertos de hambre. Aunque parece raro, las hamburguesas de esta ciudad son espectaculares. Nos regresamos al hostal para según nosotros actualizar fotos y ohh sorpresa, en menos de 20 minutos nos acabamos la red y dejó de funcionar. Ahí nos dimos cuenta que en Bolivia la conectividad no es su prioridad ya que no logramos en ningún lugar tener buena señal.

Esa noche nos fuimos a dormir temprano pues a parte de que estábamos agotados por la caminata, al día siguiente salíamos temprano. Toda la noche estuvieron llegando motos a la ciudad, había algo así como una convención.

Al día siguiente nos preparamos para salir, fuimos por unas empanadas y jugo y nos encontramos a un brasileño que iba rumbo a Cusco así que viajarían juntos con Mariano. Nos despedimos con la promesa de vernos en Buenos Aires en un par de semanas. Como nosotros teníamos tanque lleno y dos bidones nos fuimos de ruta. El camino es bellísimo, de una aparecen las montañas nevadas al fondo del lago Titicaca.

Llegando a Tiquina están los barcos que te cruzan un estrecho de no mas de 600 metros, ahi van buses, camionetas, motos y gente. Nuevamente la negociada, nos dijeron que 30 bolivianos y al final nos cobraron 20. Medio endeble la lanchita pero llegamos a salvo al otro lado. Conocimos a Helmut, un alemán que tiene toda su vida viajando e iba por su tercera vez en sudamérica. En su susuki 650 de 1990 con calcomanías de todos los países que ha visitado, emprendimos juntos el camino rumbo a La Paz.

Bolivia es muy sucio, prácticamente toda la carretera está llena de basura y tristemente la gente va arrojándola desde las ventanas de los coches esto a pesar de que hay letreros que intentan una absurda concientización de cuidado del medio ambiente.

El camino fue bueno aunque en muchos tramos hay obras de mantenimiento y hay que jugársela para pasar entre el tránsito que parece no tener orden. Incluso nos topamos con un par de tanques de la ONU lo cual si que nos sorprendió. Llegando a La Paz, decidimos no quedarnos ahí y mejor seguir el camino a Oruro. No somos fans de las grandes ciudades y menos del tráfico endemoniado. Hoy nuevamente pido disculpas a los civilizados californianos e incluso a los Bogotanos en su manera de conducir.

Aquí vino el primer gran shock. Paramos en un sitio para estirar las piernas y tomar un refresco y ohh sorpresa, la chica que atendía nos dice que no tenía ya refrescos...¿Quéeeee? si los veíamos en el mostrador. Le dijimos que si ahí tenía que nos diera uno, sin mas nos dijo que no, que no tenía para vender... no sabíamos si llorar o reír... BIENVENIDOS A BOLIVIA.

Seguimos la ruta y Helmut se estaba quedando sin gasolina y ahí empezó la odisea. Ya lo sabíamos pero había que vivirlo. Resulta que la gasolina en Bolivia es 3 veces mas cara para los extranjeros, esto por un subsidio que da el gobierno para los bolivianos. Ok ok, lo pagamos...pero el gran problema es que no en todas las gasolineras le venden a extranjeros. Le dimos a Helmut un poco de nuestra gasolina hasta que por fin logramos comprar gasolina, eso si, no directo a las motos sino a los bidones si no, no nos vendían.

Por la tarde llegamos a Oruro. Por recomendación de nuestro amigo Iván Greco (ya les contaremos quién es, pero como podrán imaginar el misterio es un angelote de los viajeros en dos ruedas) nos quedamos en el hotel Beirut, nada mal el lugar, sin embargo aquí si nos cobraron el guardar la moto en el lobby. Cuando pedimos toallas solo nos dieron una y al pedir la segunda el señor amablemente nos dijo: no, solo unita. PLOP!! Lo mismo al pedir la clave del Wi-Fi, las redes nos parecían activas y el modem se veía prendido, ahh no resulta que no había internet, nos quedamos con la duda de si realmente no había o no quería darnos la clave. En fin a dormir.

Seguimos nuestro camino hoy por la mañana y conocimos a Carlos en la salida de la ciudad, nos acompañó por gasolina y creo que eso ayudó a que nos vendieran mas barato, 6 bolivianos el litro. Eso si, de repente apreció Helmut en la estación y cuando cargó llega y nos dice que a el le vendieron a 5 el litro. Dios quien los entiende, como que todo es a criterio.

Seguimos el camino rumbo a Sucre, aunque inicialmente iríamos a Potosí, decidimos cambiar pues nos habían contado que es una ciudad muy linda. En el camino compramos pan, queso y jugo y eso fue nuestra comida del día en un par de paradas.

El paisaje es bellísimo, una mezcla entre páramo y desierto y lo mejor es que está lleno de bellas llamas y vicuñas pastando tranquilamente, nosotros felices tomando fotos e incluso en un momento nos paramos...claro que deja de ser bello hasta que estuvimos a punto de embarrarnos con una que mas bien creemos que era suicida pues brincó justo a la dirección en la que íbamos y por mas que trataba de esquivarla ella seguía ahi. No pasó a mas y llegamos a Sucre. 

La ciudad es muy linda y limpia a diferencia de otras ciudades que cruzamos. Llegamos a instalarnos al Hotel Masi Wasi en donde nos encontramos con nuestro amigo Ioane, aquel gringo loco que viaja en su BMW de 1980 con un par de tablas de surf a un lado. Genial reencontrarlo y ponernos al día de las aventuras.

Cenamos delicioso acompañados de una gran charla.

A dormir que mañana veremos que nuevas nos trae este misterioso y extraño país: Bolivia!!!

Y seguimos...

Nota al pie: no habiamos logrado tener internet, pero en estos días les contaremos la travesía por Ecuador, Perú y la vuelta a México.